martes, 21 de julio de 2009

Rutina (cuento breve)

La niebla se escurría como un abismo que carcomía todos los rincones de su alma, estaba petrificado, no alcanzaba a comprender cómo había llegado a ese estado, el día había comenzado normalmente, casi rutinario, como todas las mañanas tomó su café, conversó con su esposa y dio un beso a su pequeña hija, salió.

Esperó en la esquina de siempre el minibus que lo llevaría al trabajo, de pronto no quiso o no pudo bajar en esa esquina, sintió que el terror lo paralizaba, no se explicaba el por qué de esa sensación tan extraña, todo estaba normal, el sol brillaba, un cielo azul intenso lo miraba, las personas caminaban por las aceras apresuradas, para llegar a sus fuentes de trabajo. Dentro le parecía un infierno que quemaba su cerebro, parecería que ese calor lo trasformaba, en otro ser desconocido para el, no sentía nada, no quería nada, la nada lo envolvía como niebla. Pero el que siempre había cumplido con la puntualidad de marcar la tarjeta a hora, ese momento, no quiso, no pudo, sólo escuchaba una voz interior que le decía que huya, que se aleje, que la vida no era como la estaba viviendo, dentro de esa rutina, que marchitaba sus sueños, su amor, su vida.

Entró en crisis, de repente, ya nada le importaba, sólo quería huir, todo a su alrededor perdió sentido, no quiso indagar el por qué de ese estado, simplemente se dio cuenta que la rutina, era la niebla.

Bajo del minibus, como un viento fuerte la niebla lo envolvió, se sintió uno con ella, ya no supo nada más.

Despertó en su habitación, el rostro sonriente de la esposa, preguntándole como había dormido, respondió lo de todos los días y le dio un beso, pero él sabia que ya no era él, era la niebla que se había apoderado de su espacio vital.